
Francia cerró un Mundial para olvidar con una nueva derrota, esta vez ante el anfitrión Sudáfrica, y confirmó su evidente estado de descomposición.

El Mundial puso punto y final a la era Domenech con otro ejemplo de que el fútbol francés necesita una reanimación urgente.


Técnicos y jugadores habían señalado por activa y por pasiva que en ningún momento iban a salir al terreno de juego a por el empate. Sólo querían la victoria para pasar a octavos como primeros de grupo.

Aguirre se salió del guión y no siguió la idea de Tabárez, Forlán, Dos Santos y compañía. El técnico azteca colocó en la punta de ataque a Guille Franco y a Cuauthemos Blanco y privó a los suyos de todo el potencial ofensivo.
Tanto el anfitrión como los galos no han podido con los conjuntos americanos.
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